LA DAMA PERDIDA SOBRE LA PLAYA Las orillas de los mares nítidos son lugares bellos, pero también enigmáticos. La orilla del océano azul puro profundo, del Atlántico conocido por mí... es infinita en mi recuerdo. Allí, en una espumosa playa del norte de África, conocí una persona original, en el mundo onírico. Mundo interno del ser. Ser al que pertenece la vida. Allí, en la vida de una playa norteafricana. Allí, en una playa de un continente de tórrido radiante reposo solar. Pero comenzaré esta historia desde mi persona. Yo llevaba mucho espacio de tiempo sin ir al instituto. Mi madre, comprensiva, me indicó que no me forzara; y que si no quería estudiar, que entonces me tomara un año sabático para decidir qué hacer en mi vida. Yo tendría alrededor de catorce ó quince años de edad. Estaba habitualmente meditando sobre temas tocantes a la verdad del ser humano. Tenia la costumbre de pasear por caminos antiguos del lugar arquitectónico que yo apreciaba, el amurallado de Ceuta cercano a playas; cercano a bosques y extranjeros. De una forma especial estaba yo andando a través de una playa, con un sol emergiendo desde el inicio del camino. Sobre arena gruesa y a lo largo, a paso de andar como en letargo; llegaba a una cueva rocosa. Había rocas y montañas. El lugar se localizaba al pie de un macizo montañoso. Creo recordar que llegaba yo de un lugar boscoso. No había casi vegetación, las olas no se cansaban de producir ruido. El color del mar era azul-verde. El terreno amarillento crema. El sol observaba. Yo observaba, y alguien observaba. Entonces así, ese alguien, fijándome yo en el bello panorama, me toca por detrás. Giro y veo que se trata de una extranjera. Vivía en la cueva y tenia aspecto de ropas tipo hindú. Según deduje se alimentaba de lo que pescaba más lo que intercambiaba. Tenia también medios para conseguir dinero vendiendo artesanía. Todo ello era muy interesante, nuestra conversación comenzó en inglés, mientras los cangrejos se desplazaban entre las rocas oscuras. -¿Quieres comprar?-Preguntó ella. El sol estaba ya por encima con luz potente. Esta luz se colaba entre los párpados de sus ojos, y yo le pregunté quien era y qué hacia sola en este lugar desértico. Ella no contestó, se limitó a sonreír. Yo interesado pregunté cuanto valía y respondió una cantidad. Me pareció razonable por lo que se la compré. Se trataba de una pulsera de colores azul y rojo. Estaba confeccionada por ella. Y ella estaba "confeccionada" con unos hermosos ojos azules como el mar. Luego pregunté su nombre. Respondió enigmáticamente: -Soy quien te observa. A pesar de todo no había temor ni señal de mal. El viento soplaba haciendo un sonido bello, como el del desierto. Silbaba a lo largo de la playa. Ella se sentó sobre una roca y me animó a hacer igual. -Vengo observándote desde hace tiempo- Dijo para mi asombro. -¿Y como me observas? Ella miró al sol fugazmente y respondió que "en el mundo estelar". Entonces comencé a comprender. Con rostro emotivo le dije: -¿Eres la voz de mis últimos sueños? Ella asintió con el gesto que hizo tan bonito de su cabeza. Yo llevaba días soñando con una voz, su voz que ahora reconocía con sorpresa. Y ella dijo: -Nada de esto es más allá que otro sueño. Soy yo la voz que te ha hablado mientras dormías. Algo se dormía en mi interior. Pude reconocer a un ideal en todo ello y deseaba sentirme junto a ella, aun siendo un sueño. Quería así dejar de sentirme aislado, y cuando iba a decírselo ella giró su cabeza en gesto de negación. Comentó expresivamente: -No, no debes sentir compañía. Debes conocer la soledad... -¡¿Por qué...?!--Dije exasperado. -Mira el sol--Y yo miré brevemente devolviendo mi mirada a ella y su rostro. Continuó: -El sol es fuerte e inmenso, pero está solo. Sólo en quietud y soledad, en dificultad, se consigue ser potente. Si quieres ser y construirte grande ante la inmensidad del universo deberás ser solitario. Entonces me afligí y sentí inmensas ganas de hablar pero ella se llevó el dedo índice a los labios, pidiendo silencio: -Entra en la caverna y sal después. Encontrarás lo que amas tras una larga búsqueda. Entré y vi sus artesanías. Las paredes rocosas reflejaban una luz suave y perceptible. Luego salí. Vi algo sumamente extraño. Ella no estaba ya y vi una luz en el cielo alejando mi mirada hacia el horizonte, el final del espacio unido al mar. Surgiendo del espacio aéreo y del horizonte una voz que me dijo potentemente, dulcemente en este sueño: -"¿Quién era esa mujer de cabellos claros y ojos de mi color? Yo soy el mar, viento y cielo. Responde a mi pregunta"-Continuó la voz que surgía del viento y del mar simultáneamente. Todo era bello al verme que había encontrado, en soledad, mi unión a la vida y realidad de ésta. Me quedé quieto escuchando largo tiempo de espacio la sonora vibración que producía el silbido, el viento. Lo que encontré a la salida de la caverna no fue soledad en realidad. Sino la compañía de mi tesoro. El real que tengo en mi interior. El amor profundo. Pensé recostado ahora encima de la arena que era eso lo que yo buscaba. El profundo amor de todo aquello que sentimos cuando vemos un paisaje bonito. O cuando perdemos a alguien. Entonces me levanté y mientras, razonaba caminando por el terreno. La mujer que he perdido es la soledad. La mejor compañera en momentos difíciles. Cuando descubra la soledad, la descifraré. Podré saber y comprender el sentido de sus palabras: "Solo aquellos que buscan por sí mismos pueden encontrar. Y encontrarán en su interior el sentimiento de todo ser, todas las existencias. Lo que da sentido a todo sentimiento, dolor, placer" La voz de la naturaleza volvió a hablar: "El ser humano de este mundo se encuentra solo, a pesar de los aparentes intentos de sentirse bien. No puede ser ligero aquí. Lo será tras la partida. Y no podrá llevarse nada. Viajará solo. Solo con un ser interno. El ser interior es uno con el otro. No es explicable como llega e él en unión. Únicamente comprenderás cuando anheles tu parte infinita y así hallarás tu unicidad perdida" AsÍ decía la voz del desértico paraje. Entonces yo me dormí en paz, dentro del sueño. Desperté llorando pues estaba emocionado. No importa si esta vivencia onírica es tangible o no. Lo realmente importante es el sueño de la noche de la muerte que conduce a la vida. Ardilla27 en Eqale

VOLVER