CRISTAL  NUCLEAR

Desde la realidad onírica, segrego sueños de sufrimiento interno sobre el futuro de un mundo. ¿Es éste el referido? Te aseguro, lector, que vosotros sabéis mucho mejor vuestro futuro y sobre si estos sueños refieren el futuro del planeta Tierra.

 

Cierro los ojos y sobrepaso la frontera de la realidad. Traspaso la pared, llego al espacio y una bella imagen se presenta... la imagen es el universo. Y los ojos de un ser que observan. Contemplo a su vez a la hija instructora, la hija maestra, en el mundo de la fuente de sabiduría. Su vestimenta lumínica, con gesto serio afirma lo que con transmitido en signos matemáticos y colorido formado en conjuntos de creación, viene a significar:

-Prepárate, Eqale, debes ver algo fuerte y terrible que espera a un planeta en el futuro. No importará ni dirás a los que lean, el lugar de esto que vas a observar.

Yo lo que observaba era el peculiar vehículo en que por excepción acompañaba a mi instructora. Luminoso y bello, así como ella. Su semblante y el mío se cruzaron. Y yo “pregunté”, si se pudiera traducir en lenguaje:

-¿La destrucción que yo presentí de infante?

Ella señaló la nave cronológica, yo miré unas estrellas un momento y observando su gesto melancólico introduje mi corazón encogido junto a mi cuerpo de otra materia no física en la peculiar forma de transporte. El viaje fue a través del tiempo futuro y hacia una disgregación artificial en un planeta que llama la atención, que se destruirá; y que llama la atención a la destrucción en sí. Me introduje en el vehículo, que consistía, en lo que puedo decir, en un conjunto de aros en traslación concéntricos. Desaparecí primero en un brillo como despedida temporal de este campo cronológico o marco de espacio-tiempo. Después de mí, ella, la instructora. Antes de la ignición se producían unas sacudidas giratorias. Esto es debido a las tecnologías del campo y material abstracto. En el profundo fondo del espacio: estrellas, las protagonistas del universo. Cuerpos celestes de fuego. Una frase como un enunciado puedo traducir de este viaje: El sufrimiento es un cristal valioso y éste es un caso de peligro real. Bajo nuestros pies: la Tierra. Esta inerte en el espacio y gira. Esta herida.¿Recibirá un impacto igual al que se describe en este escrito?  Ello depende de los humanos de este planeta azul. No olvidemos que el resultado de nuestros sentimientos apoya en el fruto de nuestro trabajo y logro materializado. O sea el fruto depende de nuestro corazón.

Aparecimos en el futuro, tras nuestro ahora o presente siglo XXI. Nos dirigimos al planetario espacio de superficie, dentro ya de la atmósfera. No sé si ya he dicho algo así: Esta es la advertencia de una humanidad a otra humanidad. Pues bien lo que aquí narro podría ocurrir al planeta en que habitamos. Continuo con el relato.

Lo que observo sólo se percibe en el mundo abstracto, por lo que es relativo y distinto al mundo físico. Aparece un nutrido paisaje en la superficie de mundo en guerra. Veo una humanidad, de no importa qué identidad, que ha olvidado sonreír. Sus tiempos rozan la iniquidad. Desciendo, descendemos por un barrio pobre donde la angustia tiene el color gris pálido que observo entornado en los cuerpos de sus habitantes. Un niño llora por que su madre, embarazada, no tiene nada para él. La desesperación se  hace ver en su rostro, provocando mi interés. Averiguo, no importa cómo, su nombre.¡Esperanza! ¡Qué casual! Te aseguro, lector que no existe ésta. La casualidad vive. Ella se acerca caminando algo despacio a su casa. En edificio sucio y descuidado habitan personas desfavorecidas del lugar en que nos encontramos. En la civilización de este escrito ya hay escasas  personas que viven suficientemente bien; en un tiempo de materialismo se fue reduciendo desde una impresionante riqueza que tenían algunos, hasta ya ni siquiera vivir de agradable forma nadie. La fría materialidad ha cubierto la sociedad. Ella entra y escucha su hijo llorar, palpa su vientre y busca la llave. Entra y cierra. Acaricia el niño las piernas de su madre que pide en las calles y trae el poco valor económico adquirido. Pasan los vehículos por el exterior del emplazamiento donde se hayan, pobres y aún por ello ricos en sentir. La mujer recuerda un ocurrencia de ayer. Alguien dijo que podía darle trabajo después del parto, tras recuperarse. Consistía en cuidar a una persona, un niño, que iba a morir. Aún no había llegado a fase terminal. Y su padre habló de ello mientras ella pedía limosna. En la lejanía se percibía una manifestación sobre unas pruebas y fallos de experimentación. La nación de Esperanza recurría a fuentes nucleares, ya que los recursos energéticos naturales estaban agotados. Todo ello lo sabíamos por que habíamos leído en las mentes de la población. Ella se tumba, descansa y acoge a su hijo. El acaricia los cabellos de la madre. La hija instructora señala el cuerpo de la madre. Se conforma la visión de su interior. Una criatura alberga en él. Al tiempo se levanta y se dirige a otra parte del área donde se encuentran. Pasan unos instantes y regresa con escasos alimentos.

Esa noche, mientras duerme ella, su ser interno es atendido por nosotros, visitantes. Durante esta sesión donde tratamos sus sentimientos, vemos sus problemas sin decir en ningún momento que está durmiendo. Pudiendo así ayudar afectivamente. Ella cree que todo es una cuestión de sufrimiento sin sentido. Explicamos que es una relativa situación de equilibrio que encontrará en el mañana, aun dificultoso. Al despertar nosotros continuamos la observación. Tras unas secuencias nos trasladamos avanzando en el tiempo. El niño ya nació y continuaban en pobreza, pero suficientemente disminuida, aún así latente. La madre y el hijo todavía llevaban vida mísera, levemente mísera. Porque mísera era la civilización  donde habitaban. Entre seres humanos crueles y otros diseminados por la crueldad. Vimos el trabajo ahora de la criatura, el hijo de Esperanza. Limpiar suelos y enseres de la casa del hombre y padre que acogió a esta persona y descendencia, en su hogar para que ella, Esperanza, cuidara así ahora al hijo que restó al hermano, el cual murió de una grave enfermedad. En este modo quedó el hermano e hijo del hombre que de este modo realizó una gran proeza de fraternidad. Y de esta forma también los hijos de Esperanza fueron aceptados como servidores del hogar nuevo de Esperanza. Ésta es la confianza de fe de hermandad que siempre perdurará.

 

Así viven las personas en este tiempo. Señala la hija instructora. Ahora nos dirigimos a contemplar algo formidablemente violento. Una región lejana a donde nos despedimos de esta mujer con final considerablemente feliz. A otra zona distante. Longevo en distancia y tiempo para nosotros. Encontramos con la preparación de armamento nuclear, entre un conflicto bélico, inmerso y fruto todo ello de una alta tensión mundial. Y dentro de lo visualizado observamos lo que preparan: la muerte. El mando militar, alto mando estudiaba donde atacar. Nosotros nos fijamos en la historia de un mando. Estaba sentado en su despacho, sentado, contemplando como se formaba instrucción. Meditaba. No estaba de acuerdo con las órdenes recibidas. A pesar de su obligación, se alimentaba su desatención: Quería dimitir. Pero en estado prebélico era falta grave. A pesar de ello planeaba revelarse al estado mayor.

-¿Quién ordena esta tragedia..?-Comentaba por teléfono a su superior.

-¡Le repito que su comportamiento es repulsivo! ¿Ándese con ojo! No estamos para bromas de mal gusto...

-¡Con el debido respeto, aplico la normativa de recurso a conflicto termonuclear..!

-¡Su deber es obedecer!

-Pero es mi obligación en caso bélico nuclear..!

Esta situación llevaba tiempo, vemos como se realiza un silencio al entrar varios soldados, como es detenido, el hombre se queja. Su rostro no revela sorpresa. Días después es fusilado.

 

Así ahora llegamos al final de una civilización humana. La instructora y yo nos trasladamos a un tiempo futuro mayor. Y llegamos a comprender la complicada hecatombe a través de una familia. Nos encontramos a los familiares en un jardín, abandonados, llenos de suciedad y con olor nefasto. Hacía semanas de la detonación y efectos de los radiactivos. Su aspecto era desagradable, muy desagradable. Sus ropas desgastadas. El padre intentaba comer unos animales pequeños, y darlos a sus hijos. La madre lloraba. Los hijos tenían la mirada perdida. Uno devolvía con un color corpóreo pésimo. Era al amanecer y no habían dormido. Con la luz y rostro de desesperación la madre se quedó penetrantemente mirando el horizonte. Vieron un vehículo y rápida y ágil se dirigió a su marido. Hablaron y decidieron huir en el transporte. Así no lo hicieron. Y hasta llegar al campo, donde tendrían mas alimentos llegaron por sus medios. Se encontraron con algo. Un aeródromo abandonado. Se refugiaron allí. Hasta que la radioactividad comenzó sus efectos. Tenían alimentos de reserva de las tiendas comerciales del aeródromo. Y ésta es su historia:

-¿Qué ocurrirá en el resto del mundo?-Pregunta el hombre cuando estaba junto a su mujer.

-No podemos saber nada...   ...pero vamos a morir. Así como las radiaciones nos han hecho perder el pelo. No hay esperanza...   (su voz era depresiva)

-¡No pierdas la esperanza! Si pudiéramos pilotar una avioneta, podríamos...

Ella le miraba con semblante perdido, y exclamó:

-¡¿Es que crees de verdad que podemos hacer algo?!

-Si morimos, ¿no será mejor lugar para eso, otro?

-No quiero hablar de muerte! ¡Calla!

-Ella cogía unos periódicos de una tienda. El suelo donde antes eliminaron varios cadáveres, que enterraron; estaban lleno de cristales y otros restos. Los hijos estaban cogidos de la mano. Se habían reunido éstos aparte con su hermana mayor. Para que los padres hablaran. Algunos niños estaban enfermos y el resto en shock. No tenían esperanza, a ratos lloraban, a ratos se alteraban. Necesitaban encontrar a otros supervivientes. Esa fue la conclusión tras una larga discusión. Al cabo de un suficientemente largo tiempo uno de los hijos murió. Eso supuso un fuerte golpe. Tras un tiempo mayor se adaptaron suficientemente, pero estaban enfermos.

Este es su final. No quedaban alimentos, el valor de la vida se había perdido. Así se dieron cuenta de que iban a morir. Estaban sobre lo que les servía de cama y hablaban.

-Es el fin, ya va todo a terminar...-decía llorando ella, la madre. Comenzaron a desvanecerse sus emociones y más intensos sentimientos florecieron en forma desesperada. El estaba callado y con los ojos desorbitados. Después de horas murieron lenta y cruelmente, como olvidados por la realidad del bien. Lo contrario a lo que movía la sociedad que terminó, terminará en horror y esta destrucción. Movidos por la nada, esta civilización. Pues nada es lo que movía, mueve el mundo de causas vacías de esta humanidad.

El mundo que se destruyó, destruirá, tuvo nuevas oleadas de descargas de impactos nucleares. Tiempo más tarde se produciría el barrido total de la superficie del planeta. Toda la faz quedó, quedará, calcinada y repleta de radioactividad.

 

Lo vimos ella, instructora, y yo. Yo quedé impresionado. Regresamos a nuestro tiempo y me quedé aturdido los días posteriores en vigilia, a la experiencia onírica. Aún soñando durante la última parte del viaje onírico, me dirigí a la hija maestra y pregunté:

-¿No quedará nada tras la conflictiva guerra última?

La hija instructora, sentada sobre una roca ya de mi tiempo, bajó la cabeza con tristeza en signo de confirmación de la cruel realidad. Yo giré mi rostro y lo lamenté llorando.

 

Este duro sueño refleja el resultado del vacío y odio de una raza humana. Sobre si esto ocurrirá en la Tierra, debemos meditar los pocos que lean este escrito. Yo lo aplico como realidad y advertencia. ¿Cuántas guerras mundiales le esperan al conjunto humano? Eso se responde de muy sencilla forma: El numero de guerras de una civilización corresponde al numero de discusiones, incomunicación afectiva, traumas y aislamiento emocional de una población de habitad formada por personas. Ya que todas la personas necesitan el sentimiento, de forma necesitada literalmente, harán todo lo habido y necesario por hacer; incluido destruir aquello que es desamoroso para comenzar una nueva realidad de placer hacia los sentimientos de fraternidad. ¡Que la paz que rodea el corazón humano descanse sobre la realidad futura tras el posible aspecto de destrucción que puede aguardar al ser humano!

Eqale  Eqedya Eqayvele